Han sido doce meses de duras restricciones comerciales, energéticas y de movimiento desde que Hamás se hizo con el control de la franja tras expulsar por la fuerza a los cuerpos de seguridad leales al presidente palestino y líder de Al Fatah, Mahmud Abás.
Ahora, sin embargo, tras casi dos semanas de una tregua que debería llevar a una relajación del cerco, los habitantes de la franja apenas perciben mejoras en su difícil situación.
Los grupos identificados con Al Fatah que violan la tregua forman parte del núcleo más radical de su brazo armado, las Brigadas de los Mártires de Al Aksa, algunas de las cuales desoyen desde hace años las órdenes de la cúpula política, aunque se niegan a considerarse escindidos del movimiento nacionalista palestino.
Según ese pacto, alcanzado con mediación egipcia, las milicias palestinas tienen que dejar de lanzar cohetes y proyectiles de mortero contra Israel, que debe, por su parte, suspender sus operaciones militares en Gaza y levantar progresivamente el bloqueo a ese territorio.
Hoy, por ejemplo, las fronteras vuelven a estar selladas, y dejan a Gaza un día más como la "cárcel más grande del mundo", como gusta definirla a sus habitantes.
Intercambio humanitario
Según advierten, seguirá el bloqueo "hasta la liberación de Guilad Shalit", el soldado israelí cautivo en Gaza de tres milicias palestinas -entre ellas la de Hamás- desde hace dos años.
Hamás pide la excarcelación de centenares de presos palestinos a cambio de Shalit, mientras Israel insiste en que el paso fronterizo entre Gaza y Egipto seguirá cogiendo telarañas hasta que el joven soldado vuelva sano y salvo a casa.
Falta de combustible
En represalia a los cohetes palestinos, Israel vende a Gaza tan sólo un treinta por ciento de las necesidades de combustible de la franja, según datos de la autoridad petrolera palestina.
Esta carencia ha empujado al mercado negro a taxistas como Azmi, incapaz de cubrir su jornada laboral con la cartilla de racionamiento de veinte litros que le otorga el Ministerio de Transporte del Gobierno de facto de Hamás en Gaza.
"Espero que el fuel vuelva a circular y se acabe esta opresión", dice este padre de once hijos, que más de una vez ha visto cómo la gasolina se acababa en sus narices tras esperas interminables.
Los términos del acuerdo
Hamás acusa a Israel de incumplir el acuerdo sobre el tipo de bienes que deben entrar en Gaza en el marco de la tregua.
Los días que abren los pasos entran en Gaza unos ochenta camiones con bienes y fuel, frente a los sesenta que lo hacían antes del alto el fuego.
"Los cargamentos de productos básicos y fuel son muy reducidos", denuncia Fawzi Barhum, portavoz del movimiento islamista, que promovió el alto el fuego y se desgañita porque las milicias palestinas lo respeten.
"Vamos, nada, las necesidades humanitarias más básicas", opina Ghaben en una buena muestra de que, tras años de constante declive y doce meses de férreo bloqueo, la esperanza escasea en Gaza tanto como el combustible.