"No sabía nada y no fue una gran experiencia. Me di cuenta de que estaban muy usadas, parecían las pantuflas de un abuelo", declaró hoy a la agencia noruega NTB el político.
"Lo que en realidad dije entonces era que me comería mis pantuflas si costaba más de 10.000 millones, pero no la Ópera, sino toda la remodelación de Bjørvika", dijo Knutsen en referencia al puerto de Oslo sobre el que se erige el edificio, cuya forma recuerda a un iceberg.
Knutsen, de 44 años y diputado del Partido del Progreso desde 1997, cumplió no obstante lo que había prometido, a pesar de que las zapatillas que le sirvieron no eran las suyas.