La bomba se empotró en el subsuelo de la capital alemana en los bombardeos aliados que sufrió la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial y permaneció desde entonces bajo tierra hasta ser descubierta durante unas obras de construcción.
Evacuación de la zona
Las fuerzas de seguridad ordenaron la evacuación de todos los edificios en un radio de 500 metros, en el que se encuentra una gasolinera y el hospital de Santa Gertrudis, cuyos 322 pacientes tuvieron que ser parcialmente evacuados o trasladados a las zonas más alejadas de la bomba.
La bomba fue extraída del subsuelo y trasladada hasta un cercano parque, donde los artificieros habían cavado una zanja para colocarla y proceder a su desactivación.
El subsuelo arenoso de la región facilitó en su día que aquellos artefactos que no llegaban a detonar se empotraran por su propio peso y desaparecieran prácticamente bajo tierra, donde se cree que aún hay centenares de bombas.